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El
Internet es como el agua potable. Ambos deben llegar limpios a tu casa, sino
todos se enferman. Todos queremos un Internet “ecológico”, limpio en casa. Sin
embargo, seguimos con un sistema muy básico en cuanta a la tecnología y la
regulación necesarias. Existe una clara responsabilidad de los gobiernos, de la
iniciativa privada, de los intelectuales, y de la sociedad civil para
encontrar la mejor solución tecnológica y la regulación adecuada al Internet. La
responsabilidad hoy de la regulación de Internet es personal. Hay que saber usar
el Internet para no volverse adicto a la nueva droga del milenio: la adicción a
la pornografía en línea.
Cualquier droga crea adicción que nos va haciendo dependientes de aquella
sensación... nos esclaviza... y viene a ser el centro de lo que deseamos,
pensamos y decidimos. Al privar a la persona del uso de su libertad, la
adicción la lleva a actuar de una manera inadecuada a los deseos de su corazón.
La
nueva droga del milenio es una enfermedad silenciosa, invasiva y destructiva.
Por
su naturaleza silenciosa, se desconoce mayormente entre los adultos la
problemática que están viviendo los niños y jóvenes a su alrededor.
La
adicción a la pornografía en Internet, entre niños y jóvenes, empezó a surgir
hace unos años, después de la introducción de Internet en el país. Los niños y
jóvenes se capacitaron rápidamente en el uso de la computadora, este no fue el
caso de los adultos; todavía hay un gran analfabetismo cibernético entre ellos.
Muchos padres de familia no saben lo que están viendo sus hijos.
¿Porque
se ha apoderado esta adicción tan fácilmente de los niños y jóvenes, sobre todo
cuando se trata de niños y jóvenes que venían con un desarrollo normal para su
edad, sin problemas académicos, muchas veces sin problemas de desintegración
familiar?
No
existían los factores de riesgo que los hace vulnerables a otro tipo de
adicción. El único factor de riesgo es ser internauta o cibernauta – saber usar
el internet.
La
causa principal de esta adicción se debe a que los niños y jóvenes son victimas
de una exposición temprana a la pornografía, en una edad cuando la curiosidad en
cuanto a la sexualidad es natural. La pornografía es la explotación comercial de
una curiosidad natural.
A
diferencia de películas o revistas pornográficas, el Internet no tiene límite.
Es accesible para todos y a cualquier hora del día o de la noche. El material
que se ve, se puede esconder fácilmente en archivos ocultos, con claves, CD’s
con clave, usb, y se puede borrar el historial de las páginas visitadas. En
muchos casos no hay ningún control, y si hay filtros, se pueden brincar. Los
niños y jóvenes pueden surfear por horas en páginas pornográficas, sin pagar un
quinto.
Para el
niño que apenas empieza a aprender de su sexualidad, la misma relación sexual
entre los papas pueda parecerle difícil de entender. Cuando un niño se enfrenta
por primera vez a páginas pornográficas, su reacción inicial es de asco y
rechazo. Sin embargo, en seguida, gana la curiosidad y empieza a ver, y se
arriesga de caer muy fácilmente en la adicción.
Los
estudios realizados sobre adultos adictos a la pornografía constatan que se da
en personas con un bajo autoestima y con algún faltante en sus relaciones
personales. Estas son precisamente las características normales en la pubertad y
en la adolescencia. Los niños y jóvenes están en vías de madurez, no son maduros
todavía, y se vuelven presa fácil cuando topan por casualidad con la pornografía
en Internet.
La
pornografía cree dependencia como cualquier droga. Las imágenes sexuales crean
una reacción química a nivel cerebral de placer al liberarse la hormona
epinefrina en la sangre. Este
efecto ocurre de igual forma cuando las mismas imágenes se guardan en la mente y
luego son recordadas.
Los
adultos tenemos una grave responsabilidad, culpable o no. Si esto es una nueva
droga, hemos proporcionado la droga a los niños y jóvenes, en la comodidad de su
propio hogar.
Los síntomas de la adicción se pueden manifestar como depresión, aislamiento, problemas de concentración, cambio de temperamento, perdida de esperanza y pensamientos y/o amenazas de suicidio. También existe un temor a la pérdida del cariño de sus seres queridos, si lo descubren.
El niño victima de la adicción tiene necesidad de actuar lo que ha visto. Aquí es donde hay un gran peligro de abuso con compañeros de la misma edad o menores.
La adicción en el joven se manifiesta con fantasías, masturbación, y a veces con visitas a sexo servidoras. El adicto es totalmente egocéntrico y no puede lograr intimidad porque la obsesión que tiene con sus propias necesidades no deja lugar para dar a los demás. Por eso la adicción lleva a la búsqueda de la intensidad en vez de la intimidad. También tiene consecuencias que atañan a toda la sociedad, que va desde la desintegración familiar, problemas de salud mental, perdida de horas laborales y de producción, despido de personas capacitadas para el trabajo, gasto innecesario de recursos públicos, y el peligro para todos, del aumento en este caso, de la violencia intra familiar y el crimen sexual. La adicción no se resuelve con casarse, como muchos jóvenes piensan equivocadamente, porque es una enfermedad del espíritu. La normalidad del sexo ya no llega a ser suficiente y la búsqueda de placer llega a ser una ansiedad creciente que no acaba nunca. Hay testimonios de adictos que dicen que se sorprenden de si mismos de lo que han llegado a ver o a hacer.
Los
niveles de intensidad de la adicción al sexo que puede llegar a manifestarse
entre los adictos a la pornografía en Internet se describen a continuación:
“… el adicto poco a poco va intensificando su comportamiento pasando de etapas moderadas a otras que van más allá de lo que él mismo hubiera imaginado, incluso puede llegar a hacer cosas que en meses antes o años antes hubiese repudiado rotundamente.” Las etapas de la adicción son: ·Primer nivel: fantasía, pornografía y masturbación.
·Segundo nivel: pornografía en vivo, fetiches y aventuras amorosas.
·Tercer nivel: delitos criminales menores, prostitución, voyerismo, y exhibicionismo.
·Cuarto nivel: crimen sexual grave, abuso sexual de menores, incesto, violación.
El
panorama es delicado. Si no se despierta la conciencia entre la sociedad, de lo
que sufren los niños y jóvenes a consecuencia de la adicción a la pornografía,
puede haber un efecto “tsunami”, de desintegración personal, familiar y social,
con un aumento de violencia familiar y crimen sexual a todas las escalas de la
sociedad.
¿Cómo
encontrar el equilibrio armonioso entre el daño y el beneficio de Internet como
la mejor fuente actual de información y comunicación en temas de libertad y de
regulación?
¿Cómo
llevar a los niños y a los jóvenes a apreciar la bondad, la belleza y la verdad
del don de la sexualidad, como garantía necesaria para un crecimiento personal y
responsable en la sexualidad humana?
Es
indispensable dar el mismo tratamiento de campañas de información y educación
sobre la adicción a la pornografía en línea a los niños cuando empiezan a usar
la computadora. Igual como se cuidan de las drogas y del alcohol, los mismos
niños deberán aprender a cuidarse ellos mismos de la pornografía.
El
vencimiento de la adicción a la pornografía no se realiza sin esfuerzo, sin un
esfuerzo que a veces tiene que ser heroico, no solo de parte de los sufren de la
adicción, sino también de los que los acompañen en su rehabilitación y de los
hoy que buscan la seguridad en línea para las familias.
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